No es que Adán fuera lo peorcito que había parido el Edén, pero tampoco era lo mejor, o al menos no era lo único. Y Eva también comenzó a tener ciertas inquietudes. Esas inquietudes también podían partoir de la mente de él pero fue ella quien le propuso a Adán la presencia de Lily.
Adán tampoco era un dios ni si quiera un mago para satisfacer toda clase de deseos pero la idea de fornicar con dos mujeres a la vez hacía que los deseos de ella fueran también los de él, con la diferencia de que él no había sido capaz de idear solo ese pensamiento.
Tampoco se le pasó por la cabeza que después de esa experiencia, Eva su Eva, se quedara en los brazos de Lily. Su ego no le permitía tener ese tipo de pensamientos pero subestimaba a Lily.
Fue entonces cuando Adán le volvió a pedir a dios, ese último favor, que retornara a Lily al paraíso al menos una noche. Una noche no puede suponer ningún tipo de peligro pensó él.
Dios habló con Lily y ella accedió encantada y un par de horas después se volvió a armar el pollo, pero ese pollo ya no tenía polla, y Lily se marchó del paraíso compañera de viaje. Esa fue la manzana envenenada de Eva, pero Adán pasó tanto tiempo solo que se consiguió inventar la historia perfecta para no ser humillado por las próximas generaciones. Incluso consiguió tallar en uno de los árboles de manzanas envenenadas con nombre de mujer, algo parecido a un jeroglífico que la iglesia ha sabido descifrar muy bien.
